Ahora no estoy yo

No quiero ver a nadie,
ni hablar con nadie
de cómo estoy yo
o qué tal me va.
Ni que me sugieran
salir a conocer a gente,
como si la gente fuera justo
lo que yo necesitara.
No quiero celebrar nada
que no celebre ya cada día,  
porque lo que toca
es continuar.
Pero no hay nada especial,
ningún aliciente,
ninguna alegría nueva.
Por eso no.
Dejadme en mi mundo,
bajo mi caparazón, 
ajena a expectativas y compromisos.
Yo ya he cumplido
muchas veces antes.
Perdonad mi egoísmo, pero
ahora no estoy yo.

© Vicente Ruiz, 2021

Sonetos desde el balcón

I

Las farolas se han prendido,

sin que callen las chicharras.

Les acompaño a la guitarra,

entre lamento y quejido.

Por no soñar lo dormido

levanto al aire mi jarra.

Y a la sombra de mi parra

curo el corazón herido.

Qué difícil convertir

lo cercano en lejano,

y el llorar en reír.

Soltar las piedras de mis manos

y volver a sonreír

a las estrellas del verano.

II

Envueltas como una alhaja

en saquito de papel,

doce uvas moscatel

guardaba bajo la faja.

Ni al vino de la tinaja,

ni al pan con queso y miel,

les era ella tan fiel,

como a su burro el que viaja.

Sentada a la sombrita

comenzaba el besuqueo

que le daba a la uvita.

De otro modo está feo:

si se pide, no se quita,

a cada uva, un deseo.

III

Por el tejado iba un gato

de andares muy elegantes,

bigotes tiesos, brillantes,

y hocico fiero y chato.

Pequeño como un zapato,

saltó a la calle triunfante,

y a los pies de un elefante,

sentóse a oír el relato:

—Cuánto admiro tu finura

y tu silente belleza;

quisiera estar a tu altura.

—Ama tu naturaleza,

la verdadera estatura

se mide por la nobleza.

© Vicente Ruiz, 2020