Debod

Hay dos sonrisas sobre el césped,

dos miradas,

cuatro manos entrelazadas 

y un solo beso.

El atardecer les envuelve

y un hilo rojo 

y el sonido de una guitarra española,

aunque escuchan, 

por los auriculares compartidos,

cuatrocientas canciones,

o tal vez quinientas,

que hablan de sus dos sonrisas sobre el césped,

sus dos miradas,

sus cuatro manos entrelazadas

y su beso,

que es el hogar

donde ir a parar al final del día,

o en cualquier otro momento, 

para sentir que todo está bien,

que hay paz en sus corazones

y un nuevo despertar

tras cada atardecer,

y un hilo rojo que les une

y que, en realidad,

es un hilo de mil colores,

y más música 

más allá de la música,

porque eso son sobre el césped:

un pentagrama,

una clave de sol y otra de fa,

y armonía en tono mayor,

un compás binario 

y un matiz de expresión:

«Ad libitum».

Hay dos sonrisas sobre el césped,

dos miradas,

cuatro manos entrelazadas

y un solo beso,

que es una sinfonía,

una sinfonía a la sombra

de un templo egipcio.

A la memoria de los sueños rotos.

© Vicente Ruiz, 2022

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