El mes de abril

Cómo pudo sucederme a mí,
quién me ha robado el mes de abril,
lo guardaba en un cajón,
donde guardo el corazón
.

El mes de las aguas mil, el refresco de la primavera, el cuarto del año que cierra el primer tercio, es puñetero, las cosas como son. Ni frío ni calor, sino todo a la vez, traiciona a la mínima de cambio. Se lleva el protagonismo de todas las canciones y, probablemente, sin él no habría mayo florido, pero se hace largo, largo por pesado, por húmedo en exceso y porque incita a la melancolía de invierno y a las ansias de verano.

Cantaba Sabina distintas estampas en las que alguien le robaba el mes de abril a otro alguien. No se fíe nadie si de pronto le regalan muchos abriles hasta desear que ojalá los otros once meses del calendario fuesen igual de bonitos. Abril termina el día treinta y aún no hemos llegado ni al ecuador. Habrá que echarle un cerrojo a ese cajón. Otro más.

© Vicente Ruiz, 2022

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