Izquierdas y derechas (o Derechas e izquierdas, no vaya a ser)

(Dos personas entran en un gastrobar y se sientan en la mesa libre que hay justo en el centro del local).

PERSONA 1: ¿Qué te ha parecido la obra?

PERSONA 2: Fantástica, qué manera soberbia de azuzar a la supuesta intelectualidad de la derecha desde el discurso final por la defensa de los derechos civiles.

PERSONA 1: Cierto.

PERSONA 2: También me ha gustado la manera de compensar eso cuestionando el progresismo a través de sus incoherencias, poniendo en evidencia así lo endeble de nuestro sistema de valores.

PERSONA 1: Totalmente de acuerdo.

PERSONA 2: Luego están las interpretaciones, ¿eh?

PERSONA 1: Sí, qué elenco, si es que tenemos unos actores fabulosos.

PERSONA 2: La dramaturgia española está de enhorabuena.

PERSONA 1: Voy a subir a Instagram una foto que he hecho al escenario antes de que empezase la función.

PERSONA 2: Sí, yo también.

PERSONA 1: ¿Tú crees que todo lo que hacemos lleva implícita una marca ideológica?

PERSONA 2: ¿A qué te refieres?

PERSONA 1: Sí, por ejemplo: ir al teatro es muy de abogar por la cultura, y la cultura es cosa de la izquierda, claramente, porque todos sus portavoces son de izquierdas, así que ir al teatro es de izquierdas.

PERSONA 2: Pues no me lo había planteado nunca, mira…

PERSONA 1: Sin embargo, presumir de haber ido al teatro a través de una red social con las fotos que nos hemos hecho en nuestros dispositivos de la manzanita mordida, haciendo uso de los datos móviles de una macrocompañía de telecomunicaciones es algo más de derechas.

PERSONA 2: ¿Tú crees?

PERSONA 1: Claro… ¿No?

PERSONA 2: Entonces, si yo ahora me pido una cerveza, ¿eso es más de izquierdas que pedirse un vino?

PERSONA 1: Hombre, pues depende de la cerveza que te pidas, porque pedirse una IPA es lo más pijo que hay.

PERSONA 2: Bueno, pijoprogre más bien, ¿no?

PERSONA 1: No. Pijo. A secas.

PERSONA 2: Pues como pedirse un vino y enjuagarse la boca con él, perdona que te diga.

PERSONA 1: Es que también dependerá del vino, digo yo.

PERSONA 2: ¿Y si te tomas un calimocho? Eso debe de ser antisistema total.

PERSONA 1: Claro, superantisistema, sí. Un calimocho, que lleva Coca-Cola, que es la compañía representativa de Yankilandia en todo el mundo, cuna del capitalismo más exacerbado.

PERSONA 2: Pues te lo pides con refresco cola de marca blanca.

PERSONA 1: ¿De qué cadena de supermercados para enriquecer a qué empresario que luego va a evadir impuestos en Andorra?

PERSONA 2: Entonces ni cerveza ni vino… ¿Un gintonic?

PERSONA 1: No, porque ahora, además de sembrar un jardín tropical dentro de la copa, te lo acompañan con un surtido de gominolas, que no sé si será de izquierdas o de derechas, pero te deja las muelas picadas y, además, engordan.

PERSONA 2: Es verdad.

(Ambas personas leen y releen con detenimiento la carta).

PERSONA 1: ¿Lo tienes claro?

PERSONA 2: ¿El té es de derechas?

PERSONA 1: El té es chino, y si es chino, es comunista.

PERSONA 2: Demasiado extremo, entonces.

PERSONA 1: ¿Qué te parece un chocolate a la taza?

PERSONA 2: Uf, ahora no me apetece a mí un chocolate a la taza…

PERSONA 1: Pero ¿cómo lo considerarías?

PERSONA 2: El chocolate es universal. Si hay algo que une al mundo es el chocolate.

PERSONA 1: Pero tienes razón, a estas horas como que no pega ya un chocolate a la taza…

(Se acerca el camarero).

CAMARERO: ¿Qué les pongo?

AMBAS PERSONAS: Agua.

CAMARERO: ¿Del grifo o embotellada?

© Vicente Ruiz, 2020

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