Do

Decía el maestro Yoda a Luke Skywalker: «Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes». Se refería con ello a que todo acto que acometiese Luke debía ser con intención: sin intención de acto, no hay acto. Son los dos componentes que subyacen a todo lo que hacemos, consciente o inconscientemente. En el caso de Luke, su control de la Fuerza responde a la intención con que usarla para que ésta actúe; o, mejor dicho, para que Luke actúe a través de ella. Para el maestro Yoda, que Luke dijese «Lo intentaré» significaba ausencia de intención, por eso le respondió aquello.

Pero el maestro Yoda, que sabía mucho de la Fuerza, aunque poco de etimología, se equivocaba en esa percepción. Intentar no es el verbo del cobarde, ni del inepto, ni del inseguro; es el verbo del aprendiz. Cuando Luke le dijo a su maestro «Lo intentaré», en realidad, le estaba diciendo «Ésa será mi intención». En algún momento, hubo una connotación discrepante entre intento e intención, convirtiéndolas en diferentes cuando son lo mismo: la voluntad, la determinación con que procedemos.

Intentar significa, literalmente, probar hacia dentro. Su raíz, –tentare, también está en atender. Y en tentar. Y, mira tú por dónde, en intento, aunque éste resulte ser el participio de intendere, o sea, entender, que significa dirigir hacia dentro. Intención lleva sumado a intento el sufijo latino de acción, ésa es la única diferencia etimológica. Por lo demás, intentar y entender son verbos hermanos: ambos comparten prefijo, que marca claramente que aquello que se intenta o se entiende ha de asimilarse; y ambos indican que lo que se interioriza nos pone a prueba. Ahí es donde nace el aprendizaje.

Lo que sucede con Yoda es que era anglohablante y lo que en realidad dijo fue: «Do or do not, there is no try». Ah, amigos, esto lo cambia todo. Porque el verbo to try, que viene del francés trier, también adoptado por la lengua catalana en triar, significa elegir, seleccionar. Si atendemos al contexto, el maestro jedi le está diciendo a Luke que no hay más opción que hacerlo o no hacerlo. Al traducir la frase al español, esa idea se fue al garete, ya que el equivalente inglés a poner intención a algo es to intend (anda, mira, de intendere, o sea, entender).

Tal vez la mala fama que el maestro Yoda le endilgó involuntariamente al verbo intentar tenga relación con los intentos vanos, los intentos que nunca tuvieron intención de verse transformados en actos. Las promesas rotas, por ejemplo: las palabras que sólo se componen de significantes porque se han desinflado de significados son el equivalente textual a las acciones desprovistas de intención.

Pero en el aprendizaje también hay margen para el error. Porque a veces sucede que intención y acto no van en consonancia. También fue Yoda quien dijo: «El mejor maestro, el fracaso es». Sólo el intento se antepone al fracaso. Pero el fracaso no es sino un acto errado según su intención. No aprenderíamos sin error; no erraríamos sin intento; no hay intento sin intención; no hay intención sin voluntad de ponernos a prueba. En esa voluntad es donde cobra el sentido la sentencia original de Yoda «Do or do not».

Quien lo intenta es quien elige «Do». Puede tener éxito o fracasar, pero nada de esto es posible si no hay un intento previo. Quien lo intenta es quien se pone en pie tras cada caída porque vuelve a elegir «Do». Sólo lo hace quien lo ha intentado millones de veces; sólo quien lo ha intentado millones de veces puede hacer alarde del famoso eslogan «Just do it», porque nadie nace enseñado, todo hay que aprenderlo. Quien lo intenta es quien quiere aprender. Quien aprende, intenta mejorar. Y lo intenta porque elige «Do».

Elegir reiteradamente «Do» es insistir; el tesón se fragua en el intento continuado. Podría sacar a relucir más sinónimos (constancia, perseverancia, firmeza) que sin el verbo intentar sólo serían conjuntos de letras, bien lo saben los opositores, los músicos, los deportistas y bailarines profesionales, los cocineros y los niños de educación infantil. Por eso no nos definen ni las palabras, que se las lleva el viento, ni los actos, pues podemos fallar. Nos definen las intenciones, la voluntad, elegir o no elegir «Do». Somos el resultado de querer seguir aprendiendo y no dejar de intentarlo.

© Vicente Ruiz, 2020

Un comentario sobre “Do

  1. Cuenta la leyenda, que Camilo José Cela, en una sesión de las Cortes Constituyentes para la que había sido elegido, fue sorprendido echando una cabezada. El presidente consigue despertarlo diciéndole “Señor Cela, está usted dormido”, a lo que éste contestó “No,señor presidente, estoy durmiendo” “¿Y no es lo mismo?” “No, al igual que no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo”.

    El gerundio suele implicar intención en la acción, el participio es más pasivo. El que está durmiendo ha decidido dormir, y el que se ha quedado dormido posiblemente haya sido sin intención. Dormir cuando deberías estar atento a lo que ocurre es negativo, pero es peor si has decidido despreciar el trabajo de los demás durmiendo o yendo a la cafetería, que quedarse dormido por una mala noche o porque es tremendamente aburrido.

    Y por decir una frase rimbombante, Cela prefiere quedar como un cabrón, y no como alguien que ha cometido un desliz.

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