Un análisis de Joker (lleno de ‘spoilers’)

(Aunque ya viene indicado en el título de la entrada, me reitero en la advertencia de que la misma contiene información sobre el argumento, escenas y devenires de los personajes, por lo que recomiendo que no continuéis leyendo si aún no habéis visto la película. También aviso de que voy a usar el plural mayestático porque queda mejor :P)

 

Joker. Cómo abordarla, por dónde empezar. Es tan tremenda en su conjunto que diseccionarla da un poco de cosa, porque en realidad, todo se alimenta de todo y se entreteje con todo. Así que, ¿cómo analizarla?

Veamos, desde el punto de vista únicamente del fondo, hay tres planos: el psicológico, el social y el político. Pero el origen de todo está en el primero, en lo que sucede en el interior de la mente del protagonista. Empecemos, pues.

El plano psicológico

Vamos a centrarnos en Arthur y a hacer un recorrido de sus acciones a lo largo de la película. El pobre, más desgraciado no puede ser. Le tocan en suerte todas las calamidades. No obstante, en la historia se nos presentan de un modo distinto al cronológico, y esto es importante, porque el espectador va siendo consciente de las penurias de Arthur al mismo tiempo que Arthur. Claro que el espectador lo ve desde fuera. Pero es un detalle por parte del director, porque es una manera de involucrarnos en lo traumático de su vida y en su modo de procesar. Nos ayuda, si no a empatizar (verbo manido que significa mucho más de lo que la gente piensa1), al menos sí a comprender por qué Arthur es como es y hace todo lo que hace.

Sabemos desde el principio que tiene un trastorno (o varios) y que necesita medicación. Y una serie de catastróficas desdichas le llevan a una situación límite que él no espera: verse en posesión de un arma de fuego. Entonces vemos que es incapaz de controlarse ante la tentación que le supone el revólver. En un principio, sospechamos que esa falta de control con el arma es inconsciente, porque cuando dispara a la pared de su casa se pega un buen susto. Pero luego ya no: en el metro, podría haber disparado a otra parte, para asustar a los tres abusones; sin embargo, tira a matar.

Entre la retirada de su medicación y el momento en que lee la carta, tiene que soportar que le peguen o que se rían de él. ¡Menos mal que tiene a la chica! Pero, qué raro que una chica tan mona quiera a alguien tan excéntrico, ¿verdad? Aún así, nos puede la vena romántica y nos lo tragamos, al fin y al cabo, todo el tiempo en que aparecen juntos parecen una pareja normal.

Por otro lado, Arthur ya se ha quedado con la traición de Randall2. La peli sigue: lee la carta y se la cree. Otro revés: cuando va a pedirle explicaciones, su supuesto padre biológico no sólo le rechaza, sino que, además, le revela que él es adoptado y tacha a su madre de loca. Mientras esto sucede, a la susodicha le da un patatús. Y él quiere saber. Ahí tiene un momento de lucidez. Porque querer la verdad, en lugar de escudarse en lo que le cuenta su madre, estando él trastornado, supone enfrentarse a la realidad, contra lo que él se monta en su cabeza.

Llega el momento de inflexión, que tiene dos partes. Primero, le confiesa al administrativo del psiquiátrico que ha matado a tres tíos y que no le ha afectado tanto como él esperaba. Ahí está autochequeándose y verbalizando una percepción. Y entonces llega lo crudo: cuando se entera de que en realidad su padre biológico no es tal, sino que éste le había dicho la verdad: que él, Arthur, fue un niño abandonado3, adoptado por una mujer que lo ignoró y miró para otro lado cuando abusaban de él o lo maltrataban.

Si ya venía trastornado desde su inconsciencia, el cortocircuito que sufre al saber todo eso lo lleva a un punto de no retorno. De hecho, lo primero que hace a continuación, lo dice todo: tiene la sangre fría de matar a su madre. Cuando recibe la llamada de Murray Franklin, el presentador al que idolatraba, antes de que se hubiese burlado de él en la tele, encara la recta final: mata a Randall (pero deja ir al enano porque siempre le ha tratado bien, ojo con su personal sentido de la justicia); provoca que apalicen a los dos policías esa misma tarde, en la manifestación; y, posteriormente, se carga a Murray en vivo y en directo.

Sobre las muertes, qué decir. Las de los tres tipos del metro nos pillan por sorpresa. Bueno, sí y no, porque la película habla del origen de Joker, en algún momento se ha de poner a matar y a hacer cosas propias de villanos. Pero lo que nos pilla realmente por sorpresa no es lo más o menos accidental de la muerte del primero; sino la búsqueda de la muerte del segundo y la crueldad de la muerte del tercero. La de Randall lo esperábamos desde el momento en que Arthur sabe que lo ha traicionado ante el jefe, es la crónica de una muerte anunciada. La de Murray era más dudosa, por dos razones: la idolatría de Arthur hacia él bien podría haber evitado su reacción final (recordemos que Arthur había soñado con que Murray lo deseaba como hijo); además, en la peli nos engañan haciéndonos creer que Arthur va a emplear el revólver para contar el chiste de “Toc, toc”. Pero hay dos momentos clave: cuando Arthur le pide a Murray que le presente como Joker (ahí sabemos con seguridad que algo va a pasar entre ambos); y cuando Murray, ignorando su destino fatal, lleva a Arthur al límite.

En realidad, Arthur era Joker desde que se dio cuenta de que haber matado y mentir sobre que había matado era fácil (a los dos policías en su primer encuentro en el hospital). Por otro lado, al final se ve que su relación con la chica sucedía sólo en su cabeza. ¿Qué pasó finalmente con esa chica? No sabemos. Y la intriga del final: las huellas rojas que va dejando por el pasillo blanco de la última escena, ¿realidad o simbolismo?

El plano social

Lo vemos entremezclado con el psicológico en todos los momentos en que Arthur interactúa fuera de su cabeza con alguien. La trabajadora social al principio de la película parece cualquier cosa menos una trabajadora social implicada. Hasta dónde la ética profesional se ve sostenida por la salud del sistema y desde dónde es responsabilidad del trabajador sostenerla independientemente de la salud del sistema, es una pregunta que cabe aquí, a pesar de la complejidad de hallar una respuesta justa.

Las dos palizas: primero los adolescentes, luego los adultos. Los primeros son pobres, viven en un barrio marginal, pocos recursos, poca educación, pocos valores. Los segundos son ricos, abusones, también actúan en grupo, van a por la chica que está tranquilamente leyendo, pero se les supone bien educados, porque tienen dinero. Con los adolescentes, él lucha por su dignidad, por recuperar el cartel y no perder el empleo. Le sale mal. Con los adultos, no estamos seguros de que pretendiese ayudar a la chica. Pero ésta tiene la suerte de que el trastorno de Arthur reoriente la atención de los tres acosadores hacia él, con lo que aprovecha para escapar. Las dinámicas de ambos grupos en las palizas son las mismas: reírse de él, humillarlo y darle un escarmiento por payaso (en las dos ocasiones lleva la cara pintada). No sólo no lo valoran, sino que lo repudian vilmente, da igual el origen o la clase social de los agresores.

En el local de los monólogos hay un momento psicológico disociativo, porque podemos ver que él interpreta que tiene éxito: se apaga su voz, se eleva la banda sonora y extiende los brazos a contraluz como si estuviese siendo homenajeado. Pero no. Nadie se ríe, lo sabemos después, cuando lo emite Murray en su programa. El público allí presente sí se ríe, pero de él, por culpa de Murray. Otra vez la burla y la humillación desde los demás, que él compendia muy bien en su cuaderno: “Lo peor de tener un trastorno mental es que la gente espera que te comportes como si NO lo tuvieras”. Revelador.

Sin embargo, en contraposición a toda esta idea, surge otra muy vinculada a la política: la movilización de la sociedad de clase obrera y oprimida, que se ve representada por un tío con la cara pintada de payaso por haberse cargado a tres ricos, y que al final de la película lo aúpan como líder, motivando, mira tú por dónde, el asesinato de los padres del futuro Batman. Es irónico, ¿verdad? Pasa de verse humillado, vilipendiado, despreciado, a verse alabado por la muchedumbre, casi como un héroe. ¿Será ése el chiste que no habría pillado la mujer que le pregunta al final de la película por qué se ríe? A saber, pero, si lo pensamos con detenimiento, es para reírse. Por no llorar, desde luego.

El plano político

Se estrena con los recortes que anuncia la trabajadora social al comienzo de la película y que se traduce en la preocupación vital de Arthur: “¿Qué pasa con mi medicación?”. ¿Es el hecho de que Arthur ya no tenga acceso a la medicación que necesita el detonante de su transformación en Joker? ¿O sólo un ingrediente más en la fórmula junto con todo lo mencionado ya?

La confrontación entre Arthur y la clase alta se ve en el triple asesinato del metro; cuando va a ver a su supuesto padre y se enfrenta al guardaespaldas en la verja de la mansión; cuando se cuela en la gala y se encara con Thomas Wayne; y cuando se enfrenta verbalmente a Murray (antes de volarle la cabeza). En todos esos momentos, al menos desde fuera, se aprecia la suficiencia de los ricos frente a Arthur, que se reconoce por debajo socialmente.

Y luego están las movilizaciones: Gotham llena de disturbios. ¿No recuerdan las escenas de los clones de los clowns a otra película? Pues sí, nos acordamos de “V for Vendetta”; en particular, cuando sale todo el mundo a la calle con la máscara, el sombrero y la capa de V. Y qué película tan igualmente psicológica, sociológica y política. La venganza como resorte personal y social. Aunque V va contra el sistema político. En cambio, Arthur se encuentra liderando una movilización por casualidad. Tampoco se puede decir que vaya contra la sociedad, porque antes sí, lo humillaba, pero ahora no, lo adora. ¿Entonces? ¿Contra quién va Arthur?

Pues contra sí mismo. Si una persona, por las razones que sean, no se acepta a sí misma, conscientemente, en su totalidad, significa que se rechaza. Y eso, a la larga, se pudre. Y todo aquello que vea fuera de sí que sea un reflejo de lo podrido dentro de sí, será motivo de odio. Supongamos que el trastorno de Arthur deriva, primero, del abandono, y segundo, de los maltratos y abusos que vivió de niño. La falta de un sistema sanitario y social en aquel momento que permitiera a sus profesionales trabajar con él, para que el niño fuera consciente y procesara correctamente los traumas, sería la razón política por la que Arthur es como es. De ahí que Arthur sobreviva (y malviva) siendo inconsciente de sus traumas, aunque éstos le provoquen trastornos (razón psicológica). Al principio de la película se sabe que viene de un centro psiquiátrico. No se sabe nada más de su pasado, a excepción de lo que averigua en el informe robado. Tiene traumas no resueltos, tiene trastornos y disocia con mucha facilidad. Pero el caso es que vive su día a día ajeno a sí mismo en su conjunto. Y para cuando se topa de bruces con la verdad de su pasado, de sí mismo, ya es tarde, porque todo lo que tenía que darse para que se aislara y viviera ajeno a la sociedad y su sistema de valores, ya se ha dado. Ya es imposible que él integre los hechos de su vida en su persona, sobre todo si necesita medicación y lleva tiempo sin tomarla; y, por ende, es igualmente imposible que se integre en la sociedad (razón social). Así que odia a la sociedad porque se odia a sí mismo, porque ambos, sociedad y Arthur, ya no pueden formar parte del mismo conjunto.

Conclusión

No cabe la disyuntiva víctima o verdugo. Arthur es una clara víctima de un sistema sociosanitario inexistente y de una sociedad limitada, porque en ella no caben los llamados outsiders. Y cuando eres uno de ellos y no tienes recursos, ni mentales, ni económicos, ni familiares, ni de ningún tipo, porque siendo así lo más fácil es que acabes solo, el instinto de supervivencia te lleva a interpretar las circunstancias de la manera más simple posible. Lo simple a menudo es tajante: o pisas o te pisan. Eso es lo que él ve y actúa en consecuencia. Acaba siendo un verdugo como resultado de haber sido una víctima. Lo que nos lleva a un mensaje mucho más trascendental y profundo, en relación con las enfermedades mentales, el estado de bienestar y la conciencia colectiva de que no es humano abandonar a quien no puede valerse por sí mismo.

Hasta aquí el fondo. Desde el punto de vista de la forma, la parte técnica, Joker es una película fabulosa. La fotografía (los planos a contraluz son bestiales), los primeros planos, el plano contrapicado bajando las escaleras al final, el último plano con el pasillo, la maravillosa (y acertadísima) banda sonora… A nivel técnico es fantástica, la mejor película que se ha hecho vinculada al universo DC sobre un personaje de cómic, precisamente porque no es una película de superhéroes. Es, más bien, una película de culto. Un peliculón.

Que Joaquin Phoenix se llevará todos los premios al mejor actor, es seguro. Su interpretación como Arthur/Joker es digna de masterclass, muestra todos los registros posibles en un actor. El personaje es un caramelo, pero era muy fácil pasarse de histriónico. Sin embargo, Phoenix ha sabido plasmar tan bien todo su rango emocional, que nos preguntamos hasta qué punto Joker ha sido un regalo para Phoenix y no al revés.

Son posibles también los premios a la mejor película, sin saber aún (todavía quedan 3 meses de proyecciones) cuáles serán el resto de las candidatas. Pero siendo Joker tan jugosa como es, donde se aglutinan tantos temas, entretejidos y conectados entre sí, que, por desgracia, nunca pasan de moda, no sorprendería que Joker terminase la temporada como la mejor película del año. No hay duda. Lo es.

 

[1] Empatizar no significa preguntarse “¿Qué haría yo si estuviese en su lugar?”. La pregunta correcta sería “¿Qué haría yo si estuviese en su lugar siendo él?”. Por eso empatizar con Arthur es muy difícil, a menos que se tengan los mismos trastornos que él o un conocimiento muy exhaustivo de los mismos. La película nos ayuda a comprenderlo, lo que ya es suficiente como espectador para entender sus acciones y los diferentes mensajes.

[2] Una laguna de la película. Está claro que Randall es el pretexto para que Arthur acceda a un arma que arranque su origen como villano. Pero por lo demás, el personaje no se sostiene. ¿Por qué lo traiciona? ¿Qué saca con ello? ¿Y por qué le visita al final de la película? La excusa que presenta es floja. Reaparece para que Arthur pueda cerrar ese capítulo de venganza personal hacia él. 

[3] Otra laguna. Una posible interpretación aquí, ciñéndonos exclusivamente a la película, es que Thomas Wayne sí es el padre biológico de Arthur y que fue él, por tanto, quien lo abandonó, provocando (o no) el trastorno de su madre (a saber). 

 

© Vicente Ruiz, 2019

2 comentarios en “Un análisis de Joker (lleno de ‘spoilers’)

  1. Fantástico análisis. Sólo tengo algo que añadir: sí que se sabe el destino fatal de la vecina. Justo después de estar en su sofá y que apareciese ella, el plano cambia y se ve a Arthur ya en su propia casa, con la cabeza entre las manos, mientras por la calle llegan coches de policía con las sirenas a tope, policías a los que, probablemente, acaba de llamar una niña.

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    1. ¡Cierto! Lo había borrado de mi memoria, es verdad, es verdad. Gracias por recordarlo y por tus palabras 🙂

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