Querida Inés

Ya te lo ha dicho tu madre, ¿verdad? En el mundo hay gente muy buena. Pero también hay gente muy mala. Gente que ignorará tus virtudes para poder sacar más provecho de tus defectos y así desacreditarte con eficiencia cuando les señalen con el dedo. Porque la gente buena señala a la mala. Aunque sólo sea para no parecerse en nada.

Yo te comprendo bien. Conmigo tampoco querían jugar. Me pasaba los recreos buscando los rincones del colegio con otros niños discriminados por los motivos que fuesen. Estábamos tan dolidos que llevábamos todos a cuestas una cáscara, como los caracoles, de la que apenas nos asomábamos.

Recuerdo una reunión de mi profesora de 1º de EGB con mi madre. Yo esperaba en el pasillo, al otro lado de la puerta, con miedo a que me riñesen. No sabía por qué, pero pensaba que me reñirían. Salieron y me dijeron que nunca había que pegar a un compañero, pero que, si ellos me pegaban a mí, me tenía que defender. Sólo tenía 6 años. Yo no quería pegar a nadie. Sólo quería tener amigos. Así que te comprendo bien.

Vas a tener que armarte de paciencia con la gente, Inés. Hay gente que está convencida de que, como ellos fueron felices en el colegio, los demás también. No les cabe en la cabeza la posibilidad de que haya niños para los que fue una pesadilla. Y aunque ahora no lo veas, ten en cuenta tu ventaja: ahora se habla de esto. Se señala. Ya no son meras chiquilladas sin importancia.

Cuando cambié de colegio tenía 14 años. Hice borrón y cuenta nueva. Aprendí entonces lo que era pertenecer a una pandilla, que me llamasen por teléfono para hablar (y reír), que contasen conmigo para comer pipas en el parque del barrio. Supe lo que era una fiesta de cumpleaños con amigos. Así que cogí todo lo anterior y lo olvidé.

El problema es que puedes olvidar los recuerdos, pero no puedes quitarte de encima el sentimiento de culpabilidad cada vez que alguien se va de tu vida; es imposible llegar sentir del todo que mereces el cariño que te brindan los demás; tienes que lidiar tu día a día con una armadura a cuestas que, con el tiempo, no se aligera, qué va. Lo único que sucede es que te acostumbras a llevarla. Pero las armaduras pesan y limitan el movimiento. Desprenderse de eso no es fácil y nunca se logra del todo.

Así que sé paciente, Inés. No importa el motivo por el que no te quieran. Y sé que con 11 años es difícil verlo. Pero lo único que importa es que te quieras tú. Yo lo aprendí tarde. Eran otros tiempos. Pero es la verdad: quiérete tú, que ya te seguirán los demás, aunque sean pocos. Te lo dice alguien que no cuenta con muchos amigos, pero sí con los mejores. Y conmigo, sobre todo cuento conmigo.

Con cariño,

VR.

 

© Vicente Ruiz, 2019

1 comentario en “Querida Inés

  1. Para evitar el bullying aprendí a hacerme invisible, que los demás no notasen mi presencia. El problema es que al crecer, cuando tienes que vivir tus experiencias y vivir la vida, no aprendí a volverme visible de nuevo, y ahora me encuentro entre dos mundos.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto:
search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close