28A

Odio la política. La odio con todas mis fuerzas. Los políticos me han llevado a ello. Y aquellos que siguen a los políticos como si fuesen ídolos a los que adorar porque, supuestamente, traen consigo la panacea de todos los males, también han alimentado mi odio hacia la política. Un servicio público que debería ser noble, un honor para quien lo realizara, un acto sagrado perpetuo de la búsqueda del bien común, eso que tendría que ser la política, entre políticos, medios de ¿información?, groupies y redes sociales, se ha convertido en un vertedero de plásticos y cristales rotos que tardará la vida en reciclarse y convertirse en algo útil.

Comenzaré diciendo que no tengo ni pajolera idea de política. Y que hace ya muchos años que, por salvaguardar mi salud mental, evito ver telediarios, leer periódicos y meterme en tertulias televisivas que abundan en gallinerío, manipulación y una falta absoluta de escrúpulos. Aclarado esto, me dispongo a arremangarme y a meterme en jardines, a riesgo de cruzar el límite del cuñadismo, por mucho que crea yo aferrarme al sentido común.

Europa: acabo de ver en Twitter, que es la única vía por donde me llegan cosas relacionadas con la política, a un señor llamado Richard Ashworth[1] decir estas palabras sobre el Brexit: “Over 25 years now, no British Prime Minister ever explained to the British people what Europe did, what are the benefits or why it matters. They never defended against the untruth which was spoken, or they never took ownership of the decisions that they took in Council. And because of that, the British press ran a 20-year campaign based on populist mistruths, lies and deceit. And the consequence of that we see today in Britain is a sad nation, divided like never before and a House of Commons in crisis. So, let Brexit stand as a cautionary tale to the people of Europe. To the people of Europe, I say this: You are the generation who have lived through the longest period of peace and the greatest level of prosperity ever. Never take it for granted. Value it. Fight for it. Defend it every day”[2]. Lo pongo en inglés porque, al ser la transcripción de sus palabras tal y como las ha pronunciado, considero que hay que respetar la lengua en que las ha pronunciado. Para quien no entienda el inglés, añado la traducción a pie de nota.

Igual peco de ignorancia, vete tú a saber, pero no termino de comprender cómo es posible que, precisamente por aquello a lo que apela el señor Ashworth, sobre el periodo de paz más duradero en la historia de esta parte del mundo, estemos dejando escapar (si es que no la hemos perdido ya) una oportunidad de oro para consolidar un proyecto común europeo real. Hace falta algo más que una moneda o un sistema de becas universitarias para estrechar lazos entre nuestras culturas. El mundo nunca había estado tan abierto, en gran parte gracias a internet, como lo está ahora. Y lejos de tender puentes, los hacemos saltar por los aires. Nacionalismos y populismos europeos: BASTA.

España: aquí nada más que se habla de una cosa. Cataluña. La confrontación Cataluña-España. Las manifestaciones de las banderitas. Ya está. Ése es todo el problema que tenemos aquí, lo demás va de fábula. El empleo, por ejemplo. Ya no es sólo la tasa de paro, sino la calidad del empleo lo que preocupa. Los salarios siguen en el mismo nivel que hace diez años. Pero la cesta de la compra, no. La gasolina, no. Los libros de texto, no. Sobre la vivienda, no sabría ni por dónde empezar. El otro día hubo una manifestación por la España vaciada, la España rural que se está quedando sin gente porque no hay infraestructuras que les permita estar en conexión con el mundo (y no se trata de que no llegue la cobertura o la banda ancha, sino de las conexiones tangibles: carreteras, colegios, centros de salud, esas cosas que hacen que uno se quiera ir a vivir a un sitio). Aquí Extremadura podría decir mucho por el pésimo estado de su red ferroviaria. No sé ahora, pero las carreteras en la provincia de Soria dejaban mucho que desear hace media docena de años. La gracieta de Teruel existe (vaya que si existe y a mucha honra) podría aplicarse en muchos lugares que parecen que no. Pero sí. De momento. Podrían dejar de existir en pocos años. Aquí me acuerdo ahora de ese chaval al que entrevistaron hace unas semanas por ser el único niño de su pueblo. Tiene 12 años y afirma estar muy “a gusto sin que nadie me toque los cojones” (sic). Políticos nacionales: ocúpense de los problemas reales, no es necesario que se inventen más.

Valencia. Aquí tenemos también lo nuestro, no se crean. Todo está en valenciano (¡llegaron los catalanes! ¡va de retro!) y, por si fuera poco, el concejal Grezzi nos tiene fritos con el urbanismo porque, como decían en la obra de teatro Por los pelos, que fui a ver al Talía una vez: “toda Valencia es un carril bici”. Sinceramente, si eso es lo único que hay que achacarle al gobierno municipal, aun cuando no estuviere de acuerdo, les aplaudo. Después del saqueo, el despilfarro, el dinero defraudado que ha servido para enriquecer los bolsillos de unos pocos, en este ayuntamiento como en muchísimos otros, de todos los colores y bajo todas las siglas políticas, que todo el problema sea que en Valencia se está cumpliendo el plan de carril bici (aprobado por el gobierno anterior siguiendo directrices europeas), a mí ya me va bien. Valencia tiene un problema de tráfico desde hace décadas. Y Europa tiene un problema de emisiones de gas en sus grandes ciudades. Y el cáncer es un asunto de salud muy serio. Y puede que no haya una relación directa y, desde luego, los tubos de escape no son los únicos emisores de gas que contaminan. Pero, como decimos por aquí, “tota pedra fa paret”[3].

Hace unos años estuve en un país sobre el que escribiré próximamente. Ese país está regido por un líder autoritario, que aplica un sistema económico rígido que tiene sumida a la mayoría de su población en un atraso considerable, por no hablar de cómo están las cosas a nivel social. Le pregunté a una mujer por qué no luchaban contra el régimen. Me respondió: “La gente quiere vivir tranquila. Si tienen comida y techo, es suficiente”. Es fuerte esto, pero resume la esencia del ser humano. Lo natural no es vivir en un estado de alerta, tensión, agresividad o miedo. Tampoco lo es vivir en el mundo de Mr. Wonderful. Lo natural (y lo deseable) es la tranquilidad, la despreocupación, el bienestar. Pienso, igual me equivoco, pero es lo que creo, que la mayor parte del mundo vive buscando eso. Pero no nos dejan.

Los chanchullos. Las trampas. Los intereses creados. El nivel de putrefacción a que ha llegado el estercolero del que han hecho su negocio todos los políticos sin excepción despide olores nauseabundos. Y lo peor es que lo saben. Saben que mienten, que manipulan, que roban, que lo hacen en nuestras narices, todos los días, por todas las vías. No les importa. No les importamos una mierda.

Si todos tuviéramos un mínimo de conciencia, nadie iría a votar el 28A. ¿Se imaginan unas elecciones desiertas? ¿Les daría que pensar a los políticos o debo dejar de tomar el antihistamínico?

Pero no, tú que estás leyendo esto. Recuerda las palabras del señor Ashworth. Y piensa en que hoy, ahora, en 2019, hay gente usando la misma charlatanería que hace 100 años. Después de aquello vinieron dos guerras mundiales. Así que hoy les tendría que caer la cara de vergüenza. Pero no tienen vergüenza ni sitio donde meterla, así que piensa bien en tus opciones. Y ve a votar. A quien tú creas que es mejor, no seré yo quien te lo diga. Piensa en cómo es tu vida y la de los demás, la de todos. Piensa en el bien común, no sólo en el propio. Aléjate, toma perspectiva global y trata de decidir qué opción es la menos mala. Porque buena, buena de verdad, no hay ninguna. Por eso odio la política.

 

[1] Richard Ashworth es miembro del parlamento europeo por el EPP (Europe People’s Party), de corte conservador y demócrata-cristiano.

 

[2] “En los últimos 25 años, ningún primer ministro británico les explicó nunca a los británicos qué hizo Europa, cuáles son los beneficios y por qué importa. Nunca se defendieron contra la mentira que se decía o nunca se responsabilizaron de las decisiones tomadas en el Parlamento. Y por eso, la prensa británica llevó a cabo una campaña de 20 años basada en las mentiras, los engaños y la falsedad. Y la consecuencia de eso que vemos hoy en Gran Bretaña es una nación triste, dividida como nunca antes, y una Cámara de los Comunes en crisis. Así que dejemos que el Brexit se alce como una llamada de advertencia a la gente de Europa. Al pueblo de Europa le digo esto: vosotros sois la generación que ha vivido más tiempo en paz y con mayor nivel de prosperidad. Nunca lo deis por sentado. Valoradlo. Luchad por ello. Defendedlo cada día.”

[3] “Toda piedra hace pared”.

 

© Vicente Ruiz, 2019

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