Mariconez

Anoche tuve una cena familiar y, como suele ocurrir en las cenas familiares, surgieron en la conversación los debates nacionales de la actualidad. Por algunos pasamos de puntillas, porque ya es tan profundo el hastío que nos producen, que preferimos optar por disfrutar de la compañía y de las viandas. Pero entre “pásame el plato de tortilla” y “ayer fuimos al cine a ver Girl”, surgió “¿Os habéis enterado de lo de Mecano?”. Y claro, sin poder evitarlo, acabamos hablando de la polémica de la semana: el deseo de una concursante de OT de cambiar “mariconez” por “estupidez” en la canción “Quédate en Madrid”, del mencionado grupo musical.

A estas alturas del siglo XXI, creo que es incuestionable que quien siga usando “mariconez” o “mariconada” en el mismo sentido que “nenaza”, como sinónimo de fragilidad o debilidad, tiene un serio problema de mentalidad. Ni siquiera cabe como contraargumento aclarar que tanto los hombres homosexuales como las mujeres (prejuiciosamente más sensibles) pueden ser también fuertes y valientes; esto está fuera de lugar entre otras cosas porque la fortaleza y la debilidad no son intrínsecos del hombre heterosexual y de la mujer, sino que son dos rasgos que todo ser humano lleva dentro de sí y que salen (o no) al exterior dependiendo de muchos factores. Además, el empleo de dichos términos tiene connotaciones homofóbicas, esto es indiscutible. Nadie duda de la importancia que supone tomar conciencia de cómo se usa el lenguaje y, por tanto, y en esto estoy con Noemí Galera, es justo reconocerle el mérito a las nuevas generaciones por hacer que las no tan nuevas nos replanteemos qué significa realmente lo que decimos.

Pero mi preocupación con esta polémica va en otra dirección que es, a su vez, el origen de todo: la censura.

La canción “Quédate en Madrid” narra una historia. A saber: un hombre que se pavoneaba de ir de flor en flor, gallito de corral, siempre con la coraza a cuestas, se reconoce, riéndose de sí mismo, enamorado hasta las trancas haciendo todo lo contrario que había hecho antes; es decir, se ve “amariconado” porque ama, porque su amor le hace sentirse y mostrarse desnudo, sensible, débil, vulnerable, todo lo que se supone que un hombre no debe exteriorizar jamás. Y además, a esto se suma un final con una petición rotunda: hagamos lo que podamos por ser felices, quédate en Madrid, conmigo, no te vayas de mi vida.

Comprendo que usar “mariconez”, que en 1988 era de lo más habitual, choque en la mentalidad de un milenial. Es más: lo aplaudo, en pie y quitándome el sombrero. Me sobrecoge positivamente ver que un tío de veinte años sea sensible y emocional, sin pudor, porque es lo que le pide el corazón, por el motivo que sea. Pero no puedo aprobar que ese choque cultural le lleve a censurar la canción. Lo siento, Blas Cantó, esto no es una versión ni una adaptación, es una censura basada en una cuestión moral (como todas las censuras), y eso hace que sea muy distinto por dos razones: 1) la canción pierde completamente todo su sentido porque se le quita su contexto semántico y temporal; y 2) ¿de verdad queremos revisar todo lo que se ha escrito en la historia y cambiar lo que hoy se considera ofensivo? Porque si es así, ya podemos ir diciendo adiós a toda la ficción existente, desde los cuentos de los hermanos Grimm hasta el cine de Almodóvar.

Algunos de los ¿razonamientos? que he leído en estos días a raíz de todo esto, sinceramente, me hacen poner el grito en el cielo. Todo se mezcla, se desvirtúa, se exagera con tal de crear controversia donde no debería haberla porque nadie le quita la razón a la concursante: “mariconez” y demás derivados han sido siempre empleados a modo de insulto y, por tanto, no caben (no deberían caber) en nuestro lenguaje.

Pero el problema no es ése, sino cuestionar su uso en un contexto ficticio de hace 30 años. Esto, que ya de por sí es grave, esconde otro problema de base: el escaso nivel de comprensión lectora y la excesiva literalidad con que se toma todo. Apañados estamos si para escribir obras de ficción tenemos que ir con pies de plomo, como si caminásemos por un campo de minas, para que sólo se entienda lo que quiera ser entendido, lo que debe ser entendido según, ¿qué jueces? ¿Y con qué derecho?

3 comentarios en “Mariconez

  1. Lo que necesita la sociedad es enfrentarse a sus contradicciones y sus errores, y darse cuenta de todo lo que está mal en ella. En ese sentido el debate suscitado es necesario. También es cierto que la sociedad se construye mediante el lenguaje, y éste es machista reflejando la sociedad.

    Pero comete el error de creer que estos cambios (puramente estéticos) que propone suponen realmente un cambio en el lenguaje que refleja el cambio de mentalidad. La corrección política que intenta censurar estas palabras (y los chistes de humor negro, entre otras muchas cosas) solo es una capa de tierra que se usa para semienterrar nuestras miserias, no para combatirlas con el objetivo de terminar siendo mejores personas.

    No hay que censurar el arte ya realizado, hay que aprovecharlo para progresar como sociedad.

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  2. En los debates nos solemos quedar en la superficie. En lo estético. Ademas solemos fijarnos en los argumentos más polémicos, pero, a la vez, intrascendentes.

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    1. La verdad es que en esta cuestión estábamos todos de acuerdo, lo que no suele suceder. Pero sí, coincido contigo. Especialmente si los debates se dan en las redes.

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