Las palabras raras

Si estuviésemos en la campiña inglesa decimonónica, seguramente me definiría como institutriz. Pero estamos en el siglo veintiuno, así que ahora lo llamamos «profesora de clases particulares». Un trabajo que tiene tanto de inestable como de apasionante: lo primero, porque dura lo que la necesidad del alumno de mejorar su rendimiento académico con vistas a un objetivo específico (que normalmente suele ser aprobar); lo segundo, porque es aquí cuando te das cuenta de lo personal e intransferible que es el aprendizaje.

Me gusta que en mis clases haya una doble tarea: la de trabajar contenidos y, al mismo tiempo, técnicas de estudio. Los contenidos suelen ser idiomas. A veces, el propio. La mayoría del tiempo, el mismo lenguaje usado para explicar el idioma. Se puede… «enseprender»… «aprenseñar»… partiendo de lo que acontece a cada segundo. Es muy bonito cuando sucede.

Mi alumno, un mozalbete al borde de los quince años, al que no terminan de crecerle los pelos de las piernas y todavía luce rostro de bebé, arruga la nariz y repite la palabra que acabo de decir. Aprende palabras conmigo que, por lo visto, nadie usa en su entorno. Las palabras raras, las llama. Rimbombante. Alcahueta. Ungüento. Benévola. Acicalar.

—Acicalar es un verbo preciosísimo, ¿sabes lo que significa?

—Pues no.

Y entonces se lo explico. Me pone ejemplos con «rimbombante», para comprobar que ha entendido el significado. «Sí, vaya, que un ungüento es como una pomada, pero en lugar de ser de farmacia, es casera». Es chaval es despierto, inteligente y abre horizontes a buena velocidad. Pero es perezoso. Necesita a alguien que le empuje. En realidad, ése es mi verdadero trabajo. Empujarles, repetirles, insistirles, recordarles, hacerles avanzar, llevando en cada paso la carga de los anteriores. Es la única manera de asimilar lo aprendido: machacar.

—El prefijo infra- está relacionado con inferior, supra- con superior y ultra- con ulterior.

—¿Ulterior? ¿Qué significa?

—Lo que está más allá. Ultramar, ulterior al mar, lo que está más allá del mar.

—Hala… Ulterior… Cómo mola, me lo voy a poner de nombre en el videojuego.

Mientras regreso a mi coche, bajando hacia la plaza, detrás de la iglesia, pienso en la jornada de hoy.

—Me llevas al retortero —le decía mientras recogía mis cosas.

—¿A lo qué?

Com cagalló per sèquia, rei.1 —Se echa a reír.

—Eso tú a mí, con todas tus palabras raras.

—Buena cosa es.

—Correcto.

Mañana más.

 (1) Expresión popular valenciana que significa «Como cagallón por acequia».

© Vicente Ruiz, 2018