España de mierda

El pasado día de Sant Jordi, un chaval, barcelonés de nacimiento, tuvo a bien regalarle a su novia una rosa y un libro. Por todos es sabido que el 23 de abril los catalanes celebran su particular día de los enamorados de esa manera, con una tradición que rinde también tributo a la fiesta del libro. En ese sentido, el chaval fue uno más entre las muchas personas que aquel lunes hicieron lo propio pensando en sacarle una sonrisa al ser querido. Y la cosa se habría quedado en mera anécdota si no fuese alguien al que, desde hace varios meses, se le mira con lupa absolutamente todo lo que hace.

Alfred, que así se llama nuestro protagonista, subió un vídeo a las redes sociales mostrando a Amaia con su rosa. En ningún momento enseñaron el libro. Pero aún así, esto no fue óbice para que los detectives de Twitter e Instagram averiguaran su título (que es el mismo que corona esta publicación). Saltó la chispa entre una muchedumbre que parece bañarse en combustible cada día, móvil en mano, y una semana después aparece una petición en change.org con la intención de que el organismo o institución responsable de nuestra candidatura eurovisiva impida que la pareja nos represente en el festival. No me puede dar más vergüenza todo. A saber.

Primero, y aunque se salga del tema, estamos muy escandalizados por lo que está pasando en Facebook con los datos de sus usuarios, pero cuidado con el negocio que tienen montado los de la plataforma de campañas online. Más información aquí.

Segundo, al hilo de la indignación contra Alfred y Amaia, me sorprende que se haya tomado tan en serio algo como es el regalo de un libro. Y que se haya radicalizado hasta el punto de que miles de personas hayan firmado una petición que no tiene ni pies ni cabeza. ¿No habrá cosas más importantes por las que movilizarse? No sé, a mí a bote pronto se me ocurren varias que van desde asuntos internacionales (el tema de los refugiados, por ejemplo) hasta cosas más domésticas (nos estamos acostumbrando a la corrupción, me temo). Pero, oh, no, es imperdonable que un catalán y una navarra que leen un libro titulado “España de mierda” nos representen en Eurovisión. Es que parece un chiste.

Tercero, sobre “España de mierda”, de Albert Pla, es un libro que habla de cómo funciona el mundo de la música en este país. No va de política. Ni de independentismo. Es una lectura satírica con un cantautor como protagonista. Pero qué más da, lo ha escrito un catalán, eso no puede ser nada bueno. Alfred jamás se ha postulado como independentista y está ilusionadísimo con el proyecto eurovisivo, pero es que es catalán, oye. Si es que Dios los cría y ellos se juntan. Y encima han arrastrado con ellos a Amaia, a la que no se le ocurre otra cosa que cachondearse del tema en la rueda de prensa que dieron el pasado viernes. Dónde vamos a parar, serán caraduras, blablablá.

Y qué. Si el libro hablase de política, qué. ¿Es que no somos libres de regalar los libros que nos plazcan? (Qué bonito es que “libro” y “libre” se parezcan tanto). No quiero imaginar la que se habría liado si le hubiese regalado, qué sé yo, “El capital” de Karl Marx o “Mi lucha” de Hitler. Parece ser que no nos gusta tanto eso de que se fomente el espíritu crítico y el librepensamiento, cosa que sólo se consigue leyendo de todo. Ya no se puede hacer bromas, ni reírnos de nosotros mismos, no me extraña que quemen las fallas, que cada año se burlan de todo el mundo. Habría que censurar los contenidos que podrían ofend… Oh, vaya, esto ya está pasando.

A estas masas incendiarias de las redes sociales me refería hace unas semanas en otra publicación. A estas aborregadas y obtusas mentes que repiten como loritos lo que nuestros ineptos políticos gritan sacando pecho, sembrando una simiente peligrosa sin pudor y con el dinero de todos bajo el brazo: la del odio a unas banderitas desde los colores de las otras (aplíquese a los extremistas de todas las banderitas). A estas aburridas, insípidas y vacías almas que dedican su tiempo a inspeccionar la vida de los demás y en sacar a la luz regalos privados para hacer de ello un movimiento que atenta contra la libertad y el respeto, porque ellos se sienten agredidos y eso no se puede consentir. A estas masas me refería yo entonces, y son las mismas, con sus políticos al frente, que deberían dar ejemplo en lugar de enmerdar más la situación, lo que hacen de este país una España de mierda.

 

© Vicente Ruiz, 2018

2 comentarios en “España de mierda

  1. Pues yo me voy a comprar el libro, que para tocar las narices me basto yo solo

    Ahora en serio. Lo del nacionalismo se nos ha ido de las manos. Y lo del espíritu democrático. Yo siempre he considerado que los asuntos importantes hay que preguntarlos directamente a la población en referendum (aunque no nos guste lo que salga), pero eso exigiría fomentar el sentido crítico de la sociedad, y a los políticos les viene bien que sigamos aborregados.

    Y qué decir que hay que linchar, por ejemplo, a Piqué (que nunca ha faltado a una convocatoria de la Selección), mientras se alaba el españolismo de Nadal (que renuncia al ochenta por ciento de las convocatorias). O que el sumun del sentimiento nacional sea ser del Real Madrid, que desprecia las competiciones nacionales y solo se preocupa de Europa. O que se escondan bajo la bandera española los que pagan sus impuestos en Suiza…

    Lean. Tomen sus propias decisiones. Y voten según sus propias convicciones, no según la propaganda de turno. Y si al final siguen saliendo los de siempre, que sea porque la mayoría de españoles se sienta a gusto con lo que tenemos

    (Perdón)

    Le gusta a 1 persona

    1. A mí también me entraron muchas ganas de comprarme el libro. Respecto a Piqué, Nadal o cualquier otro personaje público (sea deportista o no), no los valoro por su españolidad/catalanidad/whatever (lo que me parece una memez), sino por su profesionalidad y por los valores que transmiten. Te puedes encontrar con independentistas maravillosos y con españolistas capullos, así como también independentistas capullos y españolistas maravillosos. El problema de las etiquetas es que el juicio se quede en eso y produzca descarte o no, en función de si la persona es de “los míos” o de “los otros”. Y cada vez hay dos bandos más separados y extremos, respecto a cualquier cosa, y esa dualidad blanco-negro me encrespa, porque pretende pasar por real lo irreal, y es que todos somos de color gris (que se forma de la unión del blanco y del negro, precisamente).

      Perdonado, por cierto 😉

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