Rita y Merlí

Rita es una profesora de la etapa obligatoria en un centro público del extrarradio de Copenhague. Es una mujer de cuarenta y pico, está divorciada, tiene tres hijos entre la adolescencia y la juventud, es atractiva y lleva de cabeza a todos los hombres que revolotean como moscas a su alrededor. Luce una larga melena rubia y viste camisas de cuadros, vaqueros ceñidos, botas y cazadora de cuero.

Merlí es un profesor de filosofía en un instituto público de Barcelona. Es un hombre de cincuenta y pico, está divorciado, vive con su madre, dama del teatro, tiene un hijo en primero de bachillerato y habla con piquito de oro y mucha picardía y descaro, lo que le hace tener bastante gancho con las mujeres. Siempre va descamisado con su cartera bandolera colgando del hombro.

Tanto Rita como Merlí son irreverentes, dicen tacos con asiduidad, se saltan las normas establecidas porque tienen su propio código ético, son caóticos en sus vidas personales porque son incapaces de mantener el equilibrio que todo el mundo ansía. No esperan nada de nadie, no prometen nada a nadie y, en ese sentido, nadie los consideraría modelos ejemplares de conducta. Pero se equivocan, porque, ante todo, son contradictorios. Y en su contradicción radica su éxito como profesores. Empatizan instantáneamente con sus alumnos, se implican y hacen todo lo posible por ayudar a solucionar sus problemas, no sólo académicos, sino también personales, guardando la distancia justa para no invadir en exceso el terreno familiar.

Rita comenzó a emitirse en 2012 en la tele danesa y Merlí en 2015 en TV3. Ambas están disponibles en Netflix.

Entre la multitud de series a las que podemos acceder gracias a las diferentes plataformas de televisión, no hay muchas que muestren, con más o menos realismo, lo que se vive en las aulas. Y las que enseñan algo, tampoco se mojan en exceso a la hora de presentar a través de las tramas los valores a los que aspira la educación pública, así como de visibilizar y normalizar situaciones tradicionalmente censuradas, aunque evitando los clichés. Si, además de esto, buscamos personajes sólidos y carismáticos, y frescura en los guiones y en las escenas, la banda sonora adecuada y protagonistas magnéticos e inspiradores que terminan siendo un homenaje a la figura del docente, el resultado de dicha búsqueda se limita a estos dos títulos.

Y es que Rita y Merlí, cada uno con su estilo, su reflejo de la sociedad, su sentido del humor y sus pequeños dramas, son dos series de alta gama que ofrecen entretenimiento, pero también la oportunidad de reflexionar sobre los problemas a los que se enfrentan los profesionales de la educación, sobre las inquietudes de los alumnos y sobre la condición humana, en general.

Señores productores de la tele: hagan más series así, por favor.

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