Amor

Los encuentros fortuitos. Las primeras charlas. Los lugares en común. Las afinidades. La música de nuestras vidas. Los libros que nos marcaron. Las películas que nos hicieron soñar. Los viajes que hicimos. Buscarnos y encontrarnos el uno en el pasado del otro.

Las sensaciones compartidas. Las sonrisas cómplices. Seguirnos con la mirada. Cogernos de la mano, empezando por rozarnos, sin querer, torpemente, con las yemas de los dedos, acabando entrelazando las ilusiones. Los abrazos, los de esconderse en el cuello del otro. Qué bien hueles. No me sueltes. Los ojos cerrados. Un beso pequeñito detrás del lóbulo de la oreja.

Las conversaciones íntimas. Desnudarse el alma. Sin juzgarse. Comprenderse. Ponerse en el lugar del otro. Enseñarse lo que no se sabe. Ayudarse a crecer por dentro. Enriquecerse. Respetarse. Dejarse libre. Sostenerse. Comunicarse. Conectar.

La intimidad física. Impedir el paso del aire entre nosotros. Acariciarnos la piel como si alisásemos con la palma de la mano la arena de la playa. Bebernos, a sorbitos, o con el ansia del sediento. Peinarnos, o despeinarnos, con los dedos. Respirar del aliento del otro. Mordernos. Sacar de la ternura la pasión y viceversa.

Los desencuentros indeseados. Los piques. No conocernos los límites de nuestra paciencia. Encerrarnos en nosotros mismos. Ser egoístas. Y orgullosos. Querer tener la razón cada vez. Y cada vez acabar recordando la razón de que nos tengamos. Lo siento. No te preocupes. Te quiero. Yo también a ti. Con todo, con nuestras luces y con nuestras miserias.

La historia iniciada. Construir cosas hechas por los dos. Acumular experiencias vividas por los dos. Proyectar sueños soñados por los dos. Fracasar juntos, levantarnos juntos y seguir juntos. Convertirnos, primero, el uno en el hogar del otro. Ser, después, ambos nuestro hogar.

La historia luchada. No perder la costumbre de darnos los buenos días y las buenas noches con un beso. Decirnos algo bonito justo antes de salir de casa y justo después de volver. Vernos en las arrugas de la sonrisa, la alegría del comienzo. Preferir la solidez del tiempo que dibuja las arrugas de nuestras miradas. Ser amigos, amantes, compañeros. No abandonarnos. Cuidarnos.

El amor nuestro. El compromiso eterno. Saber que nada hará que dejemos de querernos. No concebir la idea de no estar unidos el resto de nuestras vidas. Saberlo con una certeza absoluta, infranqueable e indiscutible. Sentir la incondicionalidad. Estremecernos al escuchar nuestro nombre en la voz del otro. Al acariciarnos la cara. Al besarnos los labios. Al mirarnos a los ojos. Cada vez. Con veinte años. Y con ochenta.

Sentirnos afortunados. Elegidos. Privilegiados. Amados.

 

A los que tienen pareja, amaos bien y cuidaos todos los días.
A los demás: no tener pareja no implica no tener amor, pues el amor empieza en uno mismo.
Feliz San Valentín.

 

© Vicente Ruiz, 2018

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