Vicente Ruiz…

… no es mi nombre. Podría serlo si yo fuese un hombre, pero soy una mujer. Son dos apellidos que tampoco son los míos, aunque forman parte de mí. Pero eso da igual. Simplemente, es el pseudónimo perfecto porque es lo único suyo que me queda. Por eso lo elegí. Como homenaje.

Prefiero hacer las fotografías a salir en ellas. No me gusta ser el centro de atención. Tom Wolfe dijo que el escritor tiene desde pequeño unas taras: es el niño que mira mientras los demás juegan. No sé cuánto de cierto tiene esta sentencia a nivel global entre todos aquellos que escriben, pero conmigo acierta bastante. Por eso lo elegí. Como armadura.

No es a lo que me dedico, pero creo que es lo que soy. Manifiesto cierta inseguridad porque no se es lo que se es hasta que no se cree que se es, y yo no soy nada. No destaco en nada de lo que hago. No soy constante. Entro en un terreno nuevo con ilusión y curiosidad y, en cuanto me sacio, lo abandono. He empezado muchas cosas. Sólo terminé una. Y ni siquiera lo hice porque realmente fuese lo que quería en la vida; más bien, por tener un salvavidas que ha resultado ser tan inútil como un flotador pinchado.

Se es lo que se es, bien porque se ha sentido tan dentro que no se ha hecho otra cosa en la vida que perseguirlo, bien porque se ha practicado durante tanto tiempo que ya no es posible verse haciendo otra cosa. En ese sentido, yo no soy nada más allá de un ser errante, de errar y de error. Fui dando tumbos, equivocándome, porque me dejé llevar.

Tal vez el problema fue que nunca quise ser algo. Quería ser alguien, una persona buena. Con los demás, con la familia, con los amigos, con mi pareja, con los hijos que algún día tendría, con mis compañeros de trabajo. Quería el éxito que definió Benjamin Zander: ojos brillantes a mi alrededor. Y que mis ojos también brillaran. Pero nunca soñé ser nada. Y no me di cuenta de que me había pasado la vida escribiendo los no sueños.

Hasta ahora.

Vicente Ruiz no es mi nombre. Pero es la firma de lo que quiero ser.

P. S. Ya que resulta raro, siendo mujer, llamarme o ser llamada Vicente, por favor, llamadme Vic.